Microbosque Bordado



Llegamos al trabajo de Karen Schmeisser, Ay Palomay, casi por casualidad, al ver una nota de ella en la revista Franca Magazine sobre su última exposición, Microbosque Bordado. El proyecto nos cautivó, se trata de una propuesta que se inspira en los bosques en miniatura que se pueden encontrar en la Reserva Natural Altos de Cantillana, en la comuna de Paine, en la Región Metropolitana, Chile.

Fue así como en una tarde nos reunimos con Karen a conversar y compartir lo que tenemos en común: el bordado y la valorización por el trabajo a mano.


Para muchas el bordado ha sido un refugio, un espacio único de reflexión, de autoconocimiento y de creación.


Cuéntanos un poco de ti y cómo pasaste de la danza al mundo textil.

Desde pequeña siempre tuve mujeres alrededor mío que tejían, mis tías, mi abuela, mi mamá, y varias veces recurrí a experimentaciones ligadas al textil para hacer cosas para vender o regalos de cumpleaños cuando era chica, pero fue alrededor del 2010 que una tía abuela empezó a tejer bolsas plásticas a crochet (que ahora puede sonar un poco obvio, pero en esos años no había la conciencia ambiental del reciclaje que hay ahora), y eso marcó como un antes y un después. Ella me enseñó y me obsesioné, tejía todo el día y probaba distintos tipos de bolsas y texturas. Fue la primera vez que algo ligado al textil tomó un lugar tan importante en mi vida cotidiana, quería tejer todas las bolsas plásticas del mundo, que dejaran de ser basura y se convirtieran en materiales textiles.



Crédito foto: Miguel González


Yo vengo del mundo de la danza, y estaba entre bailando y tejiendo todas las bolsas que me encontraba en el camino, cuando llegué a México por primera vez gracias a una residencia artística, para la creación de un video danza. Cuando llegué allá, sentí que los textiles tradicionales mexicanos me cautivaron todos los sentidos, sentí como un llamado a explorar por ese lado. Fue como si se despertara una herencia textil que no había percibido antes. De hecho así nació la propuesta para una segunda residencia artística que también hice en México varios años después: una obra que fusionara la danza contemporánea con diferentes técnicas textiles tradicionales, sobre todo el telar de cintura.


Gracias a ese proceso de creación tomé muchos talleres de diferentes técnicas, hasta que llegué al bordado y específicamente a la técnica de los tenangos, y me enamoré perdidamente, no había vuelta atrás. Dejé de bailar y me metí de lleno al mundo textil, tanto desde la creación como desde la gestión cultural.


Los textiles me cautivaron todos los sentidos

¿Por qué te llamas Ay Palomay?

Es un nombre que escogí en honor a Víctor Jara, por su canción Deja la vida volar, que es una de mis favoritas. En el coro canta, Ay Palomay!. La letra de la canción es hermosa, de ahí la elegí.


¿Cómo fue tu llegada luego de tu residencia en México?

Después de muchas idas y vueltas, porque inicialmente me iba por una residencia de 6 meses y me quedé viviendo por 3 años, volví a Chile enamoradísima del oficio textil, y fue cuando me encontré con Casa de Oficios, un espacio donde se impartían talleres de oficios manuales de las más diversas técnicas, y donde comencé a conectarme con personas que sentían lo mismo que yo por el textil, vibrábamos por lo mismo, teníamos sed de bordado y de tejido, de compartir, de cuestionar las formas y fue así que continué vinculada a la técnica. Comencé a trabajar ahí como asistente de administración; al principio no me sentía capaz de enseñar lo que había aprendido hasta entonces, porque cuando una trabaja con una técnica propia de una comunidad y parte de su patrimonio cultural, es complejo internamente enseñarla sin ser parte de ésta. Finalmente fui encontrando mi propia forma de transmitir lo que me apasionaba del bordado, y siempre con mucho respeto por todas las maestras que compartieron conmigo sus conocimientos. Siempre intento transmitir el verdadero valor del bordado, de lo hecho a mano, la importancia del comercio justo. Creo que la pedagogía juega un rol fundamental en eso, conocer los procesos que hay detrás de lo que compramos nos hace valorar el trabajo que involucró más fácilmente.


Hice clases 2 años en este increíble espacio que lamentablemente ya no existe, pero que me dejó los mejores recuerdos, y sobre todo grandes amigas que mantengo hasta el día de hoy.





Cuéntanos como siguió tu acercamiento con México...

Cada estadía en México fue consolidando mi cercanía con el mundo del bordado, fui explorando distintas técnicas tradicionales, y fue ahí donde conocí grandes personas, artesanas y artesanos que comparten sus conocimientos muy generosamente con quienes tengan interés: tuve la fortuna de ir a aprender con maestras tejedoras de telar de cintura de la Cooperativa La Flor de Xochistlahuaca, en el estado de Guerrero, y también de compartir con Aida Mulado, directora de la ONG Jóvenes Artesanos, que tiene como fin promover y difundir las técnicas artesanales tradicionales, los procesos de elaboración y las costumbres y tradiciones que existen en México. Con esta ONG pude tomar talleres de bordado otomí y de telar de cintura también. Volví a Ciudad de México a finales de 2019, y en febrero de 2020 tuve la suerte de ir a conocer Tenango de Doria, de donde vienen los famosos bordados tenangos, justo antes de que empezaran las cuarentenas. Cada una de estas y muchas otras instancias me permitieron ir sumando técnicas y herramientas, que ahora uso y mezclo libremente en mis creaciones.


Karen por favor cuéntanos los imperdibles de México que debiéramos conocer.


De Ciudad de México

Los talleres y la tienda de la organización Jóvenes Artesanos: Proyecto creado y dirigido por Aida Mulato, que promueve y difunde las técnicas artesanales tradicionales, los procesos de elaboración y las costumbres y tradiciones que existen en México, además de buscar nuevos nichos de mercado para dar a conocer y comercializar a un precio justo el trabajo de los artesanos y productores mexicanos; ofrecen talleres de artesanos de toda la república que se imparten en Ciudad de México, y también la venta de su trabajo (sin regateo ni venta «al por mayor»), la tienda está ubicada en la Colonia Roma. Junto a esta organización conocí a las tejedoras amuzgas de Xochistlahuaca, maestras del telar de cintura y que de vez en cuando organizan talleres en conjunto con Aida. Centro Histórico, El Mercado de La Merced: Uno de los más grandes de latinoamérica, desde la salida del vagón del metro se siente el aroma de las frutas y verduras frescas! Algunos de mis sectores favoritos eran el de dulces, el de flores, y por supuesto, el paso desnivel que alberga toda la cestería y artesanía imaginable. Cuando da hambre de tanto pasear, en el sector de loncherías están las quesadillas de maíz azul necesarias para reponer fuerzas! A sólo una estación de metro se encuentra el barrio de Pino Suárez, y en las calles de Correo Mayor, San Pablo y República del Salvador está lleno de mercerías (hilos, agujas, lanas, entre otros) a precios muy económicos, un paraíso para tejedoras y bordadoras.



El Museo de Arte Popular de la Ciudad de México: está dedicado a promover y preservar el arte popular mexicano, y es un verdadero recorrido por las diferentes regiones de México, que permite descubrir la relación entre el trabajo de los artesanos con respecto a la biodiversidad del país, y hace conciencia de la increíble complejidad de las técnicas y fabricación de las artesanías, llenas todas de colores e historias.














EN OAXACA


La Ruta Mágica de las Artesanías de Oaxaca: este es mi estado favorito de México! Es un territorio que es pura inspiración en la más variadas formas y oficios posibles! Esta ruta es de pueblos que están a relativa corta distancia uno de otro, intercalados con zonas arqueológicas imponentes, monumentos naturales increíbles, tentadoras mezcalerías y la comida más deliciosa que te puedas imaginar. El Valle de Oaxaca siempre se ha distinguido por su producción textil, y dentro de esta ruta son imperdibles para conocer distintas técnicas de tejido y bordado los pueblos de Teotitlán del Valle, Santo Tomás Jalieza y San Antonino Castillo Velasco, aunque en realidad todos desde sus distintas creaciones y oficios te dejan completamente enamorada.


El Museo Textil de Oaxaca y el Centro Histórico: el Museo promueve no sólo lo creado en el estado sino también nuevas perspectivas sobre el arte textil, una visión amplia del diseño, y de las técnicas y procesos creativos para la elaboración de los textiles. El espacio es precioso y se pueden encontrar exposiciones temporales, talleres y conferencias. Y el Centro Histórico es un enorme mercado artesanal entre medio de edificios coloniales y puestos de comida deliciosa, realmente es un placer recorrer todo y dejarse tentar por todas las maravillas que nacen en esta tierra.

Crédito foto: Maureen Schmeisser


Microbosque Bordado


¿De donde nació la idea de microbosque?

Siempre he sido una fanática del formato en miniatura, y en la tierra, en el suelo, siempre encuentro inspiración en esa escala: las texturas, las hojas pequeñas, los musgos, helechos, líquenes de los bosques. Una vez conversando con una amiga me habló del Parque Etnobotánico Omora ubicado en Puerto Williams, y el trabajo que está haciendo el Dr. Ricardo Rozzi con el concepto de ecoturismo con lupa, y fue ahí donde convergieron muchos intereses personales y profesionales, sobre todo a partir de la investigación del bordado tridimensional que estaba haciendo durante el período más duro de la pandemia, que fueron tomando forma hasta transformarse en este proyecto, que finalizó con una exposición de bosques en miniatura bordados a mano

¿Qué son los microbosques?

El término microbosques, o bosques en miniatura, se refiere al conjunto de tres grupos de microorganismos muy diferentes entre sí, que incluso pertenecen a diferentes reinos, pero que coinciden en su pequeño tamaño, y en que forman hermosos micropaisajes en diversos ecosistemas.


Se trata de las briófitas, los líquenes y los hongos, que se pueden encontrar cerca de árboles caídos, brotando del suelo, y en las piedras cercanas a una fuente de agua, entre muchos otros lugares. Me enamoró saber que, a pesar de ser muy chiquititos, estos organismos son los más numerosos y resistentes del planeta, y por supuesto, me enamoraron también sus formas y colores.


¿Cómo se juntan los microbosques con el bordado?

En el bordado hay muchísimas puntadas diferentes, que se pueden aplicar juntas o separadas. Algunas de esas puntadas, conocidas como “de realce”, toman formas tridimensionales que se levantan de la tela. Esta exposición fue llevar esa idea del realce al máximo, experimentar con el bordado tridimensional y desafiar a los hilos a imitar los microorganismos que conforman los bosques en miniatura.


Cuéntanos sobre el proceso creativo de ésta Exposición.

Fui dos veces a hacer visitas guiadas a la Reserva Natural Altos de Cantillana, a caminar, observar, sacar fotos, mirar en distintas perspectivas, siempre con el apoyo de Andra Gutiérrez, que es encargada de difusión de la Reserva. También hablé con dos expertas del tema, Daniela Torres de Fundación Fungi y Viviana Salazar de Micófilos Chile. De las fotos que saqué en mis visitas empecé a observar y comenzar a hacer pruebas de bordados, hasta que después de varios meses este fue el resultado.

Crédito foto: Dagne Cobo




Cuéntanos de tu rutina de trabajo, tu manera de trabajar.

Soy bien nocturna... aunque sé que no es lo mejor para mis ojos, trabajo más bien en la noche. Me gusta bordar en mi "bordatorio", que es básicamente un escritorio de donde no salen escritos, sino bordados. Tengo una pieza taller donde están todos los materiales a mano, y donde de a poco he ido encontrando lo que a mí me funciona y me queda cómodo para trabajar. Mi pareja me regaló una silla acolchada que ahora es fundamental para mí! Es muy importante cuidar la postura, y el autocuidado en general, porque sino la columna, las manos y los ojos lo resienten de inmediato

En general trabajo con varios proyectos a la vez, me gusta ir variando y tener unos que sean más rápidos de hacer, y otros que sean más a largo plazo. Mientras bordo lo que más me gusta es ver series o películas, pero trato de ir cambiando entre escuchar música y podcasts, y a veces también me gusta bordar en silencio, porque mi cabeza es una fiesta constante y es bueno tener un tiempo para poner atención a qué pensamientos andan dando vueltas. Siempre tengo que tener un té a la mano, pero no me gusta comer entre medio porque me da miedo ensuciar los hilos o la tela. ¡Soy súper autoexigente y extremadamente detallista, lo que me juega a favor y en contra al mismo tiempo! Respeto mucho la lentitud de mis procesos, en general en la vida soy lenta pero es bordando donde realmente abrazo esa cualidad, porque siento que lo que hago tiene un tiempo que va más allá de mis manos, y que tuerce el ritmo acelerado de la vida cotidiana, y respetarlo es un compromiso que me tomo muy en serio. Como en general es un proceso bastante sedentario, trato de hacer ejercicio antes de sentarme a bordar, porque una vez que tomo un hilo ya no paro en varias horas, el tiempo se me pasa volando.


Cuéntanos en qué proyectos estas trabajando ahora.

Hace unos meses terminé una serie de cuadros bordados para la Fundación Artesanías de Chile que son parte de una colección de Aves de Chile que empecé a bordar el 2018. Fue un encargo grande así que le dediqué harto tiempo a eso, justo después de inaugurar la exposición. Ahora estoy planificando una segunda etapa de Microbosque Bordado, que se va a inspirar en la flora y funga de la Región de Los Ríos, que es el paraíso para estas especies. Próximamente me voy a vivir a la Región de Los Lagos, así que estaré más cerquita para el proceso de creación.





Además soy parte de la Escuela Libre Textil, con la que creamos espacios de encuentro, reflexión y difusión en torno al oficio textil, además de intercambio de experiencias entre mujeres textileras. Este año nos adjudicamos un Fondart y estamos desarrollando nuestra página web, donde vamos a subir todos los contenidos que se han generado desde nuestra comunidad.

También estoy realizando una investigación en torno al bordado como registro histórico, en base a 8 colectivos de bordadoras y arpilleristas que nacieron en distintas regiones de Chile durante la década del 70, y que siguen activas hasta hoy. Estoy trabajando junto a Carla Loayza, que es una profesora e investigadora que admiro mucho, así que estoy muy emocionada por lo que está naciendo.






¿Cómo podemos hacer para obtener una obra de microbosque bordado?

Para obtener alguna obra de microbosque bordado me pueden escribir a mi correo aypalomay@gmail.com o a través de mi instagram.


El bordado es un escape, una salida y siempre está ahí.




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